Había cierta inquietud por ver cómo se las apañaría el Real Madrid sin Cristiano Ronaldo. Mourinho ya había avisado en la víspera que el equipo supliría con ambición las numerosas bajas que el equipo sufría en El Sardinero.
Se le olvidó decir que, además de la ambición, el Real Madrid iba a suplirlo también con un fútbol exquisito, bello y esplendoroso en los primeros 45 minutos de juego.
El Real Madrid dio una exhibición de fútbol de ataque. Combinando mil y una jugadas, mareando a los jugadores del Racing, que perseguían fantasmas sobre el césped. En quince minutos ya había rematado cinco veces a portería.
Fue el mejor partido de los blancos de la pasada temporada. Con un fútbol elaborado, combinaciones rápidas y con sentido entre todos sus jugadores se vio a un equipo inspirado, comprometido, centrado y con solistas maravillosos.
Özil dibujó pases increíbles mientras que Benzema se reivindicó como lo que es, uno de los mejores delanteros centros del mundo.
Ese 6 de marzo de 2011, el mismo día que el Madrid cumplía 109 años, los blancos hacían un precioso homenaje al fútbol.








